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La Tzigane de Ravel y el piano Luthéal.

 

Tzigane (Gitano). Composición rapsódica escrita en 1924 por el compositor francés Maurice Ravel bajo comisión de la violinista ravelhúngara Jelly d´ Aranyi, sobrina nieta del gran violinista virtuoso Joseph Joachim. La obra captura el espíritu de la improvisación gitana.

La instrumentación original era para violín con acompañamiento en luthéal, un instrumento de teclado que, aunque era novedoso en su tiempo por poseer controles especiales para alterar el color de las notas, nunca alcanzó gran popularidad debido a las dificultades en su mantenimiento. Las improvisaciones de Aranyi fueron añadidas más tarde por el propio compositor para completar el trabajo y la obra publicada incluía una dedicatoria a Aranyi, quien dio la primera presentación en Londres el 26 de abril de 1924, con acompañamiento por Henri Gil-Marchez en el luthéal.

Versiones subsecuentes de la pieza reemplazaban el luthéal con piano u orquesta (en un arreglo creado por el mismo Ravel). La primera presentación de la versión orquestal se llevó a cabo en París el 30 de noviembre de 1924 con los Concerts Colonne, bajo la dirección de Gabriel Pierné. La primera presentación con piano ocurrió en 1925, con Robert Soetens en el piano.

A finales del siglo XX la primera edición con acompañamiento en luthéal seguía en disponibilidad en las editoras. Sin embargo, para ese entonces la versión de emsamble de cámara dependía del piano como instrumento de acompañamiento. En este sentido, Tzigane puede compararse con la Sonata Arpeggione de Schubert: aquella pieza también fue escrita para promover la popularidad de un instrumento poco común, pero cuando con el paso de los años la composición resultó ser más popular que el instrumento en sí, las presentaciones de la pieza pasaron a valerse de un instrumento más común (violoncello en el caso de la composición de Schubert).

La pieza se compone de un solo movimiento con una duración aproximada de diez minutos.

Tú puedes ser pianista en Central Park

Por María Ramírez

Una tarde soleada de esta semana, la pianista Yuja Wang caminó hasta el final del muelle 1 en el río Hudson y se puso a tocar un piano azul.

El piano, algo rudimentario, amarrado con una cadena, espera allí día y noche, disponible gratis para cualquier viandante que quiera probar sus teclas. Wang está acostumbrada a los pianos de cola en el escenario del Carnegie Hall o el Liceu de Barcelona, pero no se resistió a jugar con éste.

¡Sigue tocando! ¡Nos entretienes!”, le gritaban los niños que correteaban alrededor del muelle sin saber que en ese momento interpretaba para ellos una profesional que estaba allí en unas raras horas de descanso. La estrella china de 26 años aclamada por el ‘New York Times’ pasaba sólo cuatro días en su casa, cerca del muelle, entre su gira europea y su gira asiática.

Unos minutos antes los niños habían aporreado el piano. Un rato después lo tocaba una señora que practica todos los días y un patinador que quería ver cómo sonaba y no se quitó los patines durante su interpretación.

El piano azul intenso y brillante está decorado por el artista Nick Stavrides con peces y un proverbio indio que dice: “No heredamos la Tierra de nuestros ancestros, la tomamos prestada de nuestros hijos”. Es uno de los 88 pianos distribuidos por todo Nueva York por la ONG Sing for Hope. Los pianos están repartidos por parques y calles: se encuentran en Central Park, Riverside Park, Bryant Park, junto al puente de Brooklyn o delante de la Ópera. No hay dos iguales. Otros pianos han sido pintados por la editora Arianna Huffington o el diseñador John Varvatos.

La idea es acercar la música a todo el mundo por los cinco distritos de la ciudad (Manhattan, Brooklyn, Queens, Bronx y Staten Island). Los pianos están en la calle dos semanas y después serán donados a escuelas y hospitales dentro de un proyecto pagado en parte por Chobani, una empresa de yogures fundada por un turco en Nueva York.

Un pianista aficionado en Riverside Park

 

Cada piano tiene un “buddy”, un amigo que lo cuida asegurándose una vez al día de que funciona bien y tampándolo con una cubierta impermeable cuando llueve. “Controlo la previsión meteorológica todo el tiempo”, cuenta la ‘amiga’ del piano azul. La chica ya ha tenido que correr más de una vez por las súbitas y violentas tormentas neoyorquinas de junio. Habla mientras los curiosos que se turnan para tocar jazz, Chopin o unos acordes.

“Es fantástico. Nunca he oído nada mejor”, dice una vecina con un perro que olisquea interesado el piano.

“Es muy buena idea, sobre todo para los niños”, dice la pianista Wang. Aunque se interrumpe con una risa y, como profesional, confiesa: “Nunca había tocado un piano tan desafinado”.

Dónde están los pianos: por toda la ciudad. Aquí está el mapa: http://singforhope.org/map. El piano azul está en el muelle del Hudson en Riverside Park. La estación de metro más cercana es la de la calle 72.
Cuándo: día y noche hasta el 16 de junio
Cuánto cuesta: es gratis

El piano de Sam en ‘Casablanca’, subastado por más de 600 mil dólares

Es una de las escenas de amor más famosas de la historia del cine. En la película Casablanca, Sam, interpretado por el actor Dooley Wilson, interpreta As Time Goes By al piano mientras Rick (Bogart) e Ilsa (Bergman), brindan con champán en el café parisino ‘La Belle Aurore’. En el exterior los altavoces anuncian la inminente llegada del Ejército alemán a la capital francesa.

Este piano ha sido ahora subastado por 602.500 dólares (457.606 euros) en Nueva York.

El legendario instrumento de color verdoso y 58 teclas se vendió a un comprador anónimo por la mitad de los 1,2 millones de dólares (911.404 euros) en los que había sido valorado por la casa de subastas, según un comunicado de Sotheby’s.

La subasta se celebró coincidiendo con el septuagésimo aniversario del estreno de este oscarizado clásico del celuloide, en el que el instrumento ocupa un papel preponderante “como leit motiv del romance de los protagonistas”, según Sotheby’s.

El piano que pone la banda sonora a ese momento ya se había subastado en 1988, cuando se vendió por 154.000 dólares (116.974 euros), el precio más alto pagado hasta entonces por un artículo de atrezo cinematográfico.

Aprender música de niño ayuda al cerebro de adulto

¿De qué le ha servido tanto esfuerzo si luego ha dejado los estudios de música? ¿Dónde quedaron las horas dedicadas al solfeo? ¿Tiempo perdido? Estas y otras muchas preguntas se las habrán planteado muchos padres, e hijos, cuando intentaron en vano que su prole aprendiera a tocar un instrumento. Para ellos, y para los que finalmente sí terminaron ganándose la vida entre notas musicales, van dirigidos los resultados de un estudio que señalan que practicar música en la infancia se traduce en una mejora de las funciones cerebrales en el adulto.

Aunque son muchas las investigaciones que han analizado cómo la música afecta a nuestro cerebro y cuerpo, el estudio que ahora presentan investigadores de la Universidad de Northwestern, en Evanston, Illinois (EEUU), se centra más en analizar qué ocurre después de que los niños dejen de tocar un instrumento musical si sólo lo han hecho durante unos pocos años.

Para conocer si esos años de aprendizaje se tiran por la borda una vez que se abandona el estudio musical, se midieron las señales eléctricas del bulbo raquídeo de 45 adultos en respuesta a ocho sonidos complejos con diferentes tonos. Estas señales cerebrales son una fiel representación de la señal auditiva, de esta manera los investigadores pudieron analizar los elementos del sonido que son capturados por el sistema nervioso y conocer si son débiles o fuertes en cada participante con diferentes experiencias y capacidades.

Entre los participantes del estudio, cuyos resultados son publicados en la revista ‘Journal of Neuroscience’, estaban personas sin formación musical, otras que tenían estudios que iban de uno a cinco años y otras que había estudiado música de seis a 11 años. Todos ellos empezaron a tocar con nueve años y su edad, en el momento del estudio, oscilaba entre los 18 y los 31 años.

Comparados con aquellos sin formación musical, los participantes que habían estudiado de uno a cinco años de música tenían mejores respuestas cerebrales frente a sonidos complejos. Estas personas eran más eficaces para extraer la frecuencia fundamental de la señal sonora, es decir, la frecuencia más baja en el sonido que es clave en la percepción musical y en el habla. “Esta habilidad les permite reconocer sonidos en un entorno complejo y ruidoso, también es importante para la expresión hablada y para la memoria”, explica a ELMUNDO.es Nina Kraus, profesora de Neurobiología, Fisiología y Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Northwestern y principal autora de este estudio.

Efectos mantenidos

Para esta investigadora, está claro que “la forma en la que tú escuchas hoy viene dictaminada por las experiencias con el sonido que has tenido hasta hoy. Estos nuevos resultados son un claro ejemplo de esto”.

Estos resultados, junto con los obtenidos en investigaciones previas por estos investigadores, permiten señalar “beneficios que van desde una mejor percepción auditiva, mayor función ejecutiva y un empleo más eficaz de herramientas comunicativas. Todo ello sugiere que el entrenamiento musical durante el desarrollo produce efectos positivos y a largo plazo en el cerebro adulto”, refiere el estudio.

“Esperamos que estos datos, junto con lo descubierto en investigaciones anteriores, se apliquen en estrategias educativas. Creo que es fundamental que la música sea una asignatura más del colegio”, explica Kraus.

Alfred Brendel piano Auction in aid of UNICEF’s emergency relief for children in East Africa

No artist played on this piano more often than Alfred Brendel: Whenever he appeared in the Philharmonie in Berlin, he always performed on the Steinway D-524780. But other pianists such as Pierre-Laurent Aimard, Daniel Barenboim and Martha Argerich also used this instrument. And with good reason, as the piano is characterized by superior beauty of tone, unique playability and rapid touch reponse. The playing mechanism and acoustic system are in excellent condition

 

Since the Berliner Philharmoniker Foundation purchased three new concert grand pianos in the last two years, the idea arose – together with Alfred Brendel – of auctioning off the instrument in aid of UNICEF. The auction took place as part of the open day on Whit Monday, 28th May 2012 in the concert hall of the Philharmonie in the presence of Alfred Brendel, Sir Simon Rattle and the Berliner Philharmoniker. The auction was carried out free of commission by Andreas Rumbler, managing director of Christie’s Germany. The proceeds from the auction (80 000 Euro) benefit UNICEF’s emergency relief for children in East Africa.